Permitidme que me haya tomado un par de días para digerir lo que ocurrió el lunes. El Barcelona hizo un gran partido dejando al Madrid sin balón, sin espacios para correr, sin opciones de tiro, sin posibilidades de ganar. No corrieron más pero sí mejor.
Guardiola sacó un equipo que jugó a lo que lleva jugando los últimos años, tener el balón y esperar a que Xavi, Iniesta y compañía decidieran que era el momento de dar el pase, tirar la pared o irse a puerta, y le salió niquelado. Mourinho por su parte sacó su once de gala a excepción del pipita (que trabajo sin balón realiza este chico), pero con una rara defensa de cinco (inédita este año) en la que se incrustaban Alonso, Kedhira y en alguna ocasión Di María. Esto suponía quitar un jugador del centro del campo, lo que hubiera podido resultar si el Madrid hubiera defendido con las líneas más juntas, pero el Barça no le dejó, y tocando hacia atrás ampliaron al máximo esa zona donde Xavi e Iniesta se encontraban muy cómodos. Los centrales se pasaron el día haciendo sprints de 10 metros sin sentido y corriendo como pollo